Nunca he sido un buen jugador de rugby, ni siquiera del montón, más bien malo, fuera por falta de físico, falta de técnica y en algún momento, si, lo reconozco, por miedo.

Aún sigo de rugbier, como decía Ornat, seguiré hasta que algún mal golpe me retire, hay quien diría que jugar a algo que puede lesionarte y que además, te asusta, es de gilipollas. Y si, soy un gilipollas, pero no por jugar a esto, soy un gilipollas por no haber empezado antes pudiendo hacerlo, soy un gilipollas por haberlo dejado un año y por haber tomado decisiones que me alejaran de algo que me ha dado tanto a cambio de tan poco, de ahí viene la famosa frase de “devolver al rugby lo que te ha dado “, y no podría ser más cierta.

Del rugby, he sacado grandes amistades, algunas temporales, otras más duraderas y otras que serán eternas, porque, y se lo digo a los chicos y chicas que entreno, hay muchas personas que se echarían una partida a la consola contigo, pero hay muy pocas que se meterían en una melé, en un ruck, qué cojones, en un partido de rugby contigo.

Del rugby también he sacado a mi pareja, que aún me aguanta pese a todo, a varios entrenadores por los que casi, casi, siento amor paternal y en los que, aunque ellos no lo supieran entonces, me apoyé cuando mi vida daba tumbos y no había donde agarrarse, solo al rugby, solo al equipo, solo al club. Suena casi sectario y oye, tal vez así sea. Bendita secta.

Empecé esto diciendo que no era buen jugador, pero esta es solo una de las facetas que te puede ofrecer el rugby. Hace 5 años, Brumell, un señor chaparrete, bien alimentado y cojo por aquellos malos golpes de los que hablé antes, me ofreció entrenar un equipo, acepté claro, me dije, si no puedo ser un buen jugador, al menos, seré buen entrenador, bueno, no sé cómo hablarán de mi dentro de 10, 15 o 20 años mis jugadores y jugadoras, espero, que me recuerden como un apasionado de este deporte, espero, que como yo, un día tengan un sentimiento de deuda y agradecimiento tan grande que no puedan dejarlo jamás y espero sobre todo, que sean capaces de extrapolar el rugby a sus vidas, nada es más útil, nada más necesario. Bendita secta.

Texto: Gallego