Cuando el corazón no cabe en un puño

Hay dos emociones que rigen nuestras vidas, por ellas creamos, luchamos, huimos; incluso nos tornamos sumisos o implacables en su servidumbre, son el haz y el envés de una moneda con dos caras, (flexible y escurridiza) y un solo rostro; casi siempre el de nuestros hijos. Se nos acabará cayendo sin que toque el suelo, pero no importa, al fin y al cabo es el destino volador e intransigente. Dicen que Sevilla tiene un color especial, el despertar de este viernes pasado fue especial; el de los hijos mezcla de alegría y nervios por la partida a Faro, en esa lucha sin cuartel, en esa batalla indefinida entre la novedad y el apego de ese cordón umbilical que no acaba de romperse. El de los padres el color se teñía de oro y grana, en sol y nubes, en esa mezcla de amor y miedo, cansino y recurrente que ya hemos vivido antes; en un fuero interno con sabor a cataplana, en una encrucijada, en un “yo que sé”. Nos encanta que se vayan para gozar y disfrutar sabiendo que se van con amigos, compañeros, con hermanos de venturas y moratones; ya; pero y si les pasa algo y no estamos, sí; van con unos entrenadores estupendos y algunos seguidores, pero no es lo mismo, al fin y al cabo somos los padres de un gladiador en un “Faro romano” y el circo está lejos.

AMOR Y MIEDO es lo que sentí el primer día de juego. Tras las chanzas y chapuzones de los chicos a la llegada del viernes, me levanto el sábado con la noticia de que a Gustavo le ha dado un pequeño “yuyu”, (gracias a Dios y al Universo no fue nada grave). Los chicos anímicamente se fueron con su entrenador al hospital porque el Rugby no es nada si falta un amigo y un padre, que deportivo es Paco de todos y esa orfandad se notó en el campo.  El resultado es lo de menos.

Dani es directamente un crack, se echó al equipo a la cabeza y aunque a veces un poco superado por los acontecimientos (porque lo dijo él), no solo no se le notó, sino que ayudó a los chicos en todo. El, que es hijo recién salido del cascarón, se convirtió en padre urgente y sorpresivo. No importa, el cargo le vino al pelo, porque Dani es un CUIDADOR nato, no da los potingues y pone vendas a los jugadores por inercia o porque sí, Dani es todo ternura, yo le recomendaría cada año una visita de cortesía al cardiólogo. No se cómo le cabe su corazón en ese cuerpo que no es minúsculo precisamente. Tiene una cualidad sobresaliente, callado y sin aspavientos no hace ostentación alguna de la gran persona que es. Cuidó a todos los chicos como si fueran suyos, se pasó toda la noche en el hospital acompañando y asistiendo a Franco y a primera hora de la mañana como regalito le veo arbitrando un partido. Todo en este chico es tremendo.

El segundo partido, también contra un equipo portugués como el primero, pero ostensiblemente más borde y agresivo, no tenía buena pinta. Nuestro equipo tiene una garra y un espíritu más allá de sobresaliente, pero nos falta todavía la fuerza física y mala leche para competir en ciertos foros. En ocho minutos de juego tuvimos cinco lesionados y algunos de seriedad, por lo menos a simple vista así parecía.  No nos dio tiempo ni asimilar la lesión en un codo de Miguel y que le llevo al hospital cuando Franco recibió un golpe que le mantuvo sin juicio un rato largo y que hizo que se le trasladaría al mismo centro sanitario (con Gus ya eran tres en la misma clínica y casi nos ofrecen un bono de descuento por volumen). No había terminado de decir a mi mujer que tenía ganas de que se acabara el partido cuando veo a Tomás desplomado en el suelo, absolutamente inerte. Me acerco, creo que incluso interrumpiendo el partido. Se acumula gente, entre los que había médicos, le dan la vuelta pues se encontraba de cara al suelo y no reaccionaba. No hace falta que os diga lo que sentí y pensé. Me dio un ataque tal de nervios que no había manera de consolarme, no supe que pasó a continuación porque me retiraron entre varias personas y a él le dejé inconsciente. Se recuperó tras un tiempo que me pareció la eternidad misma y nos dimos un abrazo interminable que no se me olvidará en la vida, tanto como los llantos de sus compañeros, primero de desesperación y luego de alegría por ver a mi hijo repuesto. Esa imagen tampoco me abandonará nunca.

Creo que sois conscientes todos del papel que jugaron las madres que estuvieron en el campo para el cuidado y la tranquilidad, no solo de los lesionados sino de todos los chicos. (No se despegaron de Miguel en el hospital en ningún momento). Mayte e Isabel hicieron simplemente lo que mejor saben hacer……. Amar y cuidar. Se excedieron en sus funciones, se pasaron tres pueblos. El otro día todos los del equipo eran sus hijos. No hay palabras en castellano para explicarlo. Solo os digo que no sois las madres de Mayo sino las madres de Faro.

Hubo más lesionados. Aquello fue una batalla campal y estoy convencido de que hubiera habido muchos menos daños si nuestros hijos no tuvieran la raza que tienen. No les importó los acontecimientos, luchaban y corrían como posesos. (Cuando hablo de hijos estoy hablando en neutro, Candela y Sandra estuvieron directamente inconmensurables, no solo no se rindieron, sino que mostraron una capacidad de lucha y supervivencia espectaculares pese a que la mitad de su pelo se quedó en el campo. Me pido como nuera una hija como las vuestras).

Le doy las gracias también a Paco en su vía crucis personal viendo el espectáculo. Otro crack, lejos de venirse abajo y suspender al partido del domingo (entre otras cosas porque con tantas lesiones no teníamos efectivos suficientes) tuvo el aplomo y la valentía de salir a jugar el festivo con lo que nos quedaba y un par de amigos del equipo galés. Eso es sensibilidad. Imposible que los chicos se llevaran un mal sabor de boca del campeonato. No sé qué hizo, pero ese día se levantaron nuestros tigres juguetones y porculeros como de costumbre; daba gusto verles echados en el campo, reposando la cabeza, en las piernas como regazo, de un compañero, tirándose snack unos a otros o arengando a los jugadores de un equipo sevillano que más que contrincantes parecían hermanos.

Parece que todo ha quedado en un susto, aunque estoy convencido que lo que pasó ha hecho más fuertes a nuestros hijos, mejores personas, parece difícil con el nivel que ya tienen.

No puedo dejar de recordar a los padres españoles que en la distancia no perdían ojo a lo que sucedía en cada momento, aunque no vieran el espectáculo. Es enternecedor cuando se suspendió por algunas horas la comunicación con el grupo y el nerviosismo que cundió ante la falta de noticias, versiones hubo de todo color hacia el motivo del insonoro. Mi recuerdo a ellos ya que no es lo mismo que te cuenten el daño que verlo por uno mismo y más su magnitud, porque el ser humano siempre tiende a ver las cosas más negras que lo que son; yo soy el vivo ejemplo.

Por último, recordar a los jugadores y afición del equipo sevillano y galés que competía. Viendo nuestro infortunio, el domingo los de Mairena no dejaban de cantar mientras jugábamos “yo soy de Alcorcón, Alcorcón Alcorcón” jaleando y aplaudiendo cualquier pequeño movimiento de los tigres; los británicos, se ofrecieron en masa para ayudarnos si nos faltaban efectivos para jugar, como así hicieron y a tope. Viendo esa solidaridad todavía creo que no es mierda todo lo que reluce.

¡Ah!, se me olvidaba, los padres provistos de próstata también tenemos corazón y vibramos, sufrimos y nos alegramos casi como las madres, aunque la expresión emocional nunca ha sido una asignatura del género.

Pasarán los años y puede ser que las imágenes se hagan borrosas de lo que pasó en Faro; más difícil que con los sentimientos ocurra lo mismo.

Hoy no diré payasadas, me encuentro mirando una lágrima suspendida entre el suelo y el vuelo

Un beso muy fuerte a todos.

Texto: Tomas Soria

2017-05-08T20:57:34+00:00

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