Estas dos últimas semanas han sido para mí intensas por su significado, la lucha del ser humano entre razón y emoción es como una melé en la línea de marca en los minutos de descuento. Calentito venía, al borde de un ataque de nervios ante tanto desafuero; son las diez de la noche y es viernes, es la primera vez que flirteo con el sofá durante toda la semana y dudo entre leer un rato a Kant, ver Sálvame , eso sí de luxe,( más vale muerto que sencillo), o pensar en cómo jugarán nuestros chicos mañana; la dos primeras opciones me iban a sumir en la cercanía del encefalograma plano así que me dispuse a imaginar el evento deportivo como si entendiera algo de este deporte; para empezar, nunca he conseguido saber cuál es el resultado de un partido y solo implorando misericordia consigo que se  me diga el guarismo.

No penséis que la pregunta-respuesta es automática; la cosa no es fácil ya que saber el resultado de un partido de rugby es un proceso cerebral cognitivo y emocional, una mezcla de ingenio, aventura y temeridad, cuyo resultado suele ser incierto, aleatorio y casi siempre erróneo. Como no es educado hacer “mutis por el foro” la gente entra al trapo y pretende contestar. De inicio ya digo que la pregunta jode “estoy tranquilamente viendo jugar a los chicos mientras me como una manzana, y viene éste para complicarme la vida, a fastidiarme el día. ¿Me he metido, acaso, yo con él?, ¿le debo dinero?, ¿le he quitado una novia? Ese mazazo en la entrepierna no es de recibo”. Si quisiera salir del sopor que me produce al barro y la adrenalina de los jugadores, si quisiera pensar o meterme en vericuetos intelectuales me matricularía para ingeniero de caminos o astrofísico, actividades, claramente menos complejas que preguntar en mitad de un partido por su resultado.

La pregunta que parece simple, parca, sencilla, casi familiar por campechana, pero traicionera en grado sumo es escuchar a otro decir” ¿COMO VAMOS?”…Nunca una pregunta tan corta ha hecho tanto daño a la humanidad. El proceso cerebral tras la misma es el siguiente:

Primero; se produce un silencio absoluto y sepulcral, se nos viene un vacío existencial, casi cósmico, porque, de verdad, amigos, casi nadie tiene ni idea del resultado de un partido, no estoy hablando de profesionales, claro, pero para padres, amigos y demás familiares no entendidos, es más que complicado el asunto. Eso no quiere decir que no nos metamos en camisa de once varas; que no les digamos a los chicos lo que tienen que hacer como si fuéramos expertos entrenadores, les marcamos estrategias sobre a quién defender o como atacar  pero si nos preguntan por el resultado del partido , no importa que llevemos más de una hora viéndolos jugar, nos suele recorrer un temblor en las canillas y no sabemos que responder, o lo que es lo mismo pasamos del cielo al infierno por el poder de una pregunta, ya no somos grandes entrenadores sino unos aficionadillos que no siquiera, a veces, sabemos, ni tan siquiera, quién va ganando.

Segundo; Pero como hay que contestar a la famosa pregunta nos podemos encontrar:

– A los dialécticos: echan por la boca lo primero que se les ocurre, no porque sepan el resultado, sino porque en su adicción a la estadística piensan que a esa hora deben de ir más o menos unos cuantos ensayos. Vamos a ver si nos centramos. ¿Cómo vais a saberlo? Si lleváis media hora rajando con el de al lado de lo humano y lo divino y se os ha ido la pinza en otros menesteres. Dar gracias que intuís que vuestro vástago debe de seguir jugando por que verlo, lo que es verlo, no lo habéis visto hace rato e igual puede estar en una melé que cogiendo el puente aéreo a Barcelona.

– A los intuitivos: alumnos aventajados de los anteriores, sabiendo que no saben, le echan un órdago al destino, cantan un número a ver si suena la flauta y aciertan el resultado.

– Tenemos a los resignados: “nunca voy a averiguar cómo van, ósea que a mí ni me preguntes”.

-Los hay matemáticos que para saber la cuenta hacen deducciones analíticas sobre ensayos, puntos propios y del contrario, y después preguntan a otros para confirmar; como no coincida con su apuesta les has jodido el día, porque pasando del partido harán todas las elucubraciones posibles para restregarte que “no tienes razón”.

-También encontramos a los solidarios, buscan auxilio porque partiendo de su ignorancia, creen que la tuya es depresiva y te ayudarán preguntando a otros cuando la misma a ellos se dirigía.

-Los hay pasotas que les importa un bledo quién gana, lo importante es que vuelvan a casa los chicos, salvos y sanos.

-También tenemos a los inópicos, estos llevan varios años viendo rugby pero no les entran las normas ni de coña; todavía tienen inclinación a llamar portería a los palos, no les hables de” bonus” o penales” y cuantos puntos significan.

-Están los minimalistas que en un intento de simplificar y hacernos más fácil la vida no cuentan los puntos sino los ensayos y así, restando los nuestros de los del otro, sabemos si ganamos o perdemos.

-Para los científicos el rendimiento se obtiene despejando la incógnita del resultado X (ensayos nuestros + transformaciones) del de los contrarios Y, pero para saber la varianza como elemento predictivo del éxito, tenemos que compararlo con otros partidos haciendo la raíz cuadrada para obtener su desviación típica. Estas elucubraciones no sirven para nada porque ni de coña aciertan, pero les puede servir para iniciar una tesis doctoral si se lo proponen.

-En algunos casos nos encontramos con los visionarios. Si ni tan siquiera ven el balón, entre tanto tumulto ¿cómo van a saber el resultado?, Además, que manía la de nuestros chicos, olvidando que les damos de comer, juegan siempre en el lado del campo opuesto al nuestro, en una rebeldía reivindicativa inexplicable.

-Tenemos también a los honrados en que en un acto de decencia simplemente te dicen “no lo sé”.

-Y también los solidarios que sin tener tampoco ni idea del resultado remueven Roma con Santiago hasta que alguien con mejor criterio y sabiduría lo sepa y nos lo transmita.

Hay más, pero me estoy cansando y no sigo.

Tercero; Después de lo anterior y como el asunto no se ve claro, se abre un encendido debate sobre cuál puede ser el resultado y amparados por unos buenos principios democráticos se tiene por bueno el que dice la mayoría y todos tan contentos, porque se supone que siempre la mayoría tienen razón, ¿o no?; además, lo que importa es que nos contesten, da igual lo que digan, no se práctica Rugby para ganar, aunque guste hacerlo de vez en cuando, sino por otra cosa.

Quiero terminar diciendo que el partido fue jugado fantásticamente por ambos equipos. Los alcalaínos eran muy grades y fuertes, pero no veáis como se come en Alcorcón, los nuestros no iban a la zaga. Los tigres se hicieron fuertes ganando los Rac y pasando el balón a velocidad de vértigo, algún balón se cayó, pero eso queda entre nosotros.  Fue un partido de gran compañerismo entre los chicos y solidaridad con las lesiones ajenas.

Todo el mundo habla de valores. Hay que ser padre de rugbier para saber que los valores no se aprenden, se contagian, que nuestros chicos los tienen sin saber de su importancia. No importa porque no hay que entenderlo. Los valores nobles son impronta natural de la grandeza humana. Se tienen o no se tienen. Uno de nuestros chicos ofreció una segunda oportunidad de vivir a una persona desconocida, hizo frente a la desesperanza en su mejor placaje, frente a las vías de un tren que se acercaba, placaje que difícilmente podrá igualar. Al día siguiente ya no se acordaba.  Gracias Chicos.

Texto: Tomas (padre Sub18)