Hace seis años andaba buscando un deporte para mi hijo. Fue el marido de una prima (que es francés) el que me habló que buscara un equipo de Rugby, cuando me dijo Rugby, yo le pregunte si eran esos que llevaban hombreras y casco… y él puso los ojos en blanco con el mismo gesto que hago yo ahora, cuando alguien nos confunde con el futbol americano… por suerte, cada vez menos.

Encontramos un club en Alcorcón gracias a una publicidad que alguien repartía en el Decathlon.

Cuando empezamos en el club, solo había tres niños para la categoría de mi hijo, así que les pusieron en una categoría superior (sub12) y, aun así, había 11/12 niños. En total en el club unos 40. El club comenzaba su andadura.

Yo me enganche desde el principio al rugby, en gran parte, gracias a padres de otros niños, aficionados de toda la vida a este deporte, que, en las gradas, en cada entrenamiento, estos padres conocedores de este deporte nos contaban grandes leyendas del rugby, de equipos y jugadores… historias sobre valores, siempre con una pasión que enganchaba a cualquier oyente.

Rara era la jornada que ganáramos algún partido, nos enfrentábamos a otros clubs que llevaban años y años en este deporte, pero los niños siempre salían con una sonrisa. Empecé a enterarme de lo que era el tercer tiempo, el paseíllo, el respeto al equipo con el que juegas, a tus compañeros, al árbitro. He visto como entrenadores de otros grandes clubs han enseñado a sus jugadores que no hay que alegrarse de la derrota de un contrario, árbitros explicando jugadas a niños que no tenían ni idea de cómo jugar, la grada aplaudiendo ensayos del contrario, madres alabar el tamaño de un niño del equipo contrario en el tercer tiempo, el mismo niño que acaba de meter una paliza al tuyo…

Son seis años donde mi hijo ha aprendido lo que es el rugby, gracias a todas las personas, madres, padres,

 compañeros, monitores con las que se ha cruzado en un momento o en otro. De Hernán aprendió a levantarse cuando se hacia daño y seguir, y a dar siempre “media pila más”, de Pedro a tener nervio en el campo, de Luis a ser valiente y no tener miedo al choque, de Gallego aprendió que podían ganar estuvieran delante de quien estuvieran, de Taru aprenderá que la actitud es lo más importante y ser una buena persona antes que buen jugador.

Ahora, con 14 años que tiene, la mayor parte del tiempo no sabe no quiere. Pero sé que para él el rugby es importante, le ha dado autoestima, le ha dado carácter, le ha dado una familia. Es un chico donde hace tres o cuatro temporadas hablaba de buenos y malos en su equipo (él era de los malos), y ahora habla de equipo en su conjunto, donde sus compañeros son sus hermanos, donde dice que el error de uno es el error de todos. Un chico cuya máxima aspiración dentro del rugby es ser entrenador del Club Rugby Alcorcón. Pedro es un niño del Club, que sabe que, en este deporte, por encima de todo está la familia que es tu club, los compañeros que son tus hermanos, y sabe, como decimos todos, “lo que te da el rugby, se lo tienes que devolver”.

Y como madre de Pedro, espero que no se salga de este camino….

Texto: La Madre de Pedro